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¿Dónde están los ladrones?

agustinarubbi
Aug 26
5 min read

Es una noche no tan fría de invierno. Está terminando agosto, así que siento que es de las últimas, por lo que me dispongo a disfrutarla. Salgo de bañarme, preparo un té, y en los cinco minutos que dice el sobrecito que tengo que esperar, me pongo el pijama y me seco el pelo. Agarro la taza, dos alfajorcitos de postre y me meto en la cama a leer. Estoy leyendo un libro que me prestó una amiga: Muchos cuerpos, una misma alma, de Brian Weiss. Durante años la escuché a Shakira nombrar a este muchacho, pero no sabía por qué no le creía; ahora que estoy leyendo este libro un poco la entiendo. Voy por el segundo capítulo recién, así que por el momento lo tomo como si fuera una novela de ficción.


Como a la mañana me había levantado con dolor de garganta y después de almorzar me sentía como si me estuviera por enfermar, tomé un paracetamol y me acurruqué a dormir en el sillón, por lo que a la una de la madrugada seguía leyendo. En el momento en que me dispongo a descansar, me lavo los dientes, apago todas las luces y me acuesto. La taza de té que tomé aparentemente fue demasiado grande, porque estaba sintiendo cómo todo ese exceso de líquido en sangre era filtrado por mis riñones. ¿Vieron esos minutos, cuando ya encontraste la posición justa para estar cómoda en la cama, pero te tenés que levantar y no te querés mover? Incluso sabiendo que no te vas a poder dormir si no lo hacés, le ordenás al cuerpo que se mueva, pero no responde.


Y es en medio de todo eso que escucho ruidos contra la pared. Pienso: "¿Qué estarán haciendo los vecinos a las dos de la mañana?". No sonaba a que estuvieran tocando la gaita. Me levanto al baño y ahí escucho más claro: había gente arriba del techo.


Ahora quiero que piensen qué harían en mi lugar y qué creen que hice yo:


a) Paralizarme y esconderme abajo del acolchado.


b) Asustarme y llamar a la policía.


c) Salir en culo a la vereda a ver qué pasaba.


Primero me asomé al patio y no vi nada, cerré la persiana de la cocina que había quedado abierta y apagué todas las luces. Después sí, como tengo cero instinto de supervivencia, salgo a la vereda solo con un remerón viejo que mi padre me trajo de un viaje. Miro para el lado del vecino, que tiene un depósito de su negocio, y veo salir a dos tipos todos vestidos de negro y encapuchados, que seguramente se asustaron cuando sintieron el movimiento en mi patio, salen del vecino y pasan por el frente de mi casa cargados de reposeras.


Adivinen de nuevo mi reacción:


a) Me meto corriendo a la casa para esconderme.


b) Ahora sí llamo a la policía.


c) Me quedo parada en la puerta y miro a los ladrones fijamente a los ojos mientras pasan, como diciendo: "¿Qué mierda están haciendo a esta hora que no me dejan dormir?".


Siento que el universo nunca me puso en una situación realmente peligrosa porque tiene miedo de que reaccione exageradamente mal. Los tipos fingieron siguieron de largo. Veo que van hasta el callejón, donde se escucha un motor encendido, y me quedo esperando a ver si pasan para reconocer el vehículo, pero deben haber salido en contramano.


Entro a mi casa, voy al patio a buscar el atizador de la parrilla, lo dejo abajo de la cama para dormir más tranquila y me acuesto de nuevo. Pero sigo escuchando ruidos, así que hago lo que debería haber hecho desde un principio: llamar a la policía. Era la primera vez que llamaba a un número de emergencias; la verdad es que me atendieron enseguida y muy bien. No les tenía fe, pero fue mucho más similar a las películas de lo que esperaba. Me vestí un poco más porque no iba a recibir a los efectivos en paños menores, y a los pocos minutos llegaron. Abro la puerta cuando veo que frena la camioneta; se bajan dos oficiales que revisan la vereda (los chicos se dejaron una reposera) y llegan dos móviles más.


Un policía me pregunta si se puede subir al techo desde mi casa; lo hago pasar al patio, le doy una escalera y arriba se encuentra con dos compañeros más que habían subido desde el frente. Mientras revisan para ver si encuentran algo, vuelvo a asomarme a la vereda y una policía me dice: "Señora, métase adentro". ¿Cómo señora? Los llamé para que me protegieran, no para que me hirieran el autoestima.


Después de dar unas vueltas por los techos, los tres policías bajan por mi lavadero. El más grande usó la escalera, pero los otros dos —que no me habrían visto porque entraron por otro lado— habrán escuchado la voz de una damisela en peligro y, sin ayuda de la escalera, para demostrar una agilidad joven y viril, se agarraron de una viga y saltaron desde lo alto. Por suerte no se hicieron nada, porque si no me hubiera reído, y no creo que a la autoridad le guste eso. Al primero de los que saltó se le salió volando el handy con el impacto. Cuando escriba el guion de la serie, a ese sí lo voy a hacer cayéndose; y al otro que saltó, como estaba bastante bien para un martes a las dos de la mañana en uniforme, le voy a dar algunas escenas románticas para agregarle trama a la historia.


A todo esto, recién cuando me están pidiendo los datos para irse, se levanta el perro y se pone a ladrar. Muchas gracias, Vincent... pero hubiera servido 20 minutos antes el ladrido profundo de perro guardián.


Cuando se van los patrulleros me acosté de nuevo, pero no me podía dormir. ¿Estaba nerviosa por lo que había sucedido? ¿Tenía miedo de que se hubiera quedado algún ladrón escondido? ¿Acaso no podía bajar las pulsaciones por la adrenalina que todavía corría por mi cuerpo? No. De hecho estuve siempre muy tranquila, incluso cuando hablaba por teléfono, cosa que odio hacer. No me podía dormir porque quería escribir lo que había pasado. ¡Qué divertido! Qué desquiciada, jajaja. Jose: cuando leas esto analizame la razón por la que reacciono de esta manera, porfis (mensaje a mi psicóloga).


Los policías se quedaron recorriendo el barrio, y al rato volvieron a estacionar. Escuché que subieron nuevamente a los techos, probablemente para ver si los ladrones habían regresado a la escena del crimen. La verdad es que tengo que decir que trabajó muy bien la fuerza: atendieron al instante, llegaron en minutos y me trataron muy bien. La policía en general no es de las instituciones favoritas de la gente, ni en Argentina ni en el mundo, pero hay que entender que hay personas comprometidas y también chantas, igual que en todos lados.


Y con esta reflexión debería ir terminando, porque son casi las 5 de la mañana, ya están empezando a cantar los pajaritos y en unas horas hay que trabajar.

 
 
 

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