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Fin de Fin de Semana Largo (3° parte)

agustinarubbi
Feb 17
7 min read

Updated: May 29


Viernes


Hoy está más fresco. Abro la ventana de mi habitación que mira al sur y siento la brisa en la cara. Ya soy casi feliz. La mañana transcurre smoothly (dejo pendiente la traducción; la única palabra que se me ocurre es “suavemente”, pero en mi cabeza suena con melodía).

Hoy el trabajo fue más de ordenar cosas y corregir fallas en el sistema. Bien para un viernes previo a fin de semana largo. La tarde también fue tranquila: almuerzo, una tanda de lavarropas, un poco de compu… Hice un budín de porotos negros, y resultó mucho más rico de lo que imaginaba. Siempre pienso que las cosas “saludables” no son necesariamente agradables, ni al gusto ni al tacto, pero este budín sí: con cacao, bien húmedo y sabroso.

Estuve pensando que podría hacer otro blog, pero de recetas. Me gusta cocinar y tengo la diseñadora gráfica para darle una marca personal a la página. Y también me divierte escribir.

Hoy publiqué otra entrada del blog. Lo que hago es añadir el link camuflado en mis historias, como para compartirlo… pero no tanto. Me contestan la historia del último blog: "Te vi llegar a la verdulería y leer que está escrito me sentí como que me lo habían spoileado." Me causó mucha gracia. Les mandé la captura a mis amigas que me leen: “LPM, me gusta el muchacho”. Igual, si llega a leer esto, que no se emocione demasiado. Me dijo —repetidas veces— que no le gustan los perros, así que no creo que Vicente lo apruebe.

Al rato me llegó otra respuesta. Sumé una lectora más: una amiga que descubrió el link escondido; le tomó setenta y ocho días. No la culpo: normalmente comparto cosas que solo yo entiendo. Ya son cinco los que me siguen. Creo que puedo renunciar a mi trabajo y dedicarme a esto. Tanto me entretiene escribir que, en una semana en la que debería haber estado premenstrual, estuve bastante estable.


Sábado


Amo levantarme los sábados sin nada que hacer y tener tiempo para un buen desayuno: jugo de naranja, café con leche, huevos revueltos, tostada con manteca y dulce de higos casero (énfasis en casero), una ciruelita, y yogur griego (también casero) con chía, frutos rojos y granola. Por supuesto, no almuerzo los sábados. Además, todo esto lo terminé de ingerir a las tres de la tarde.

Hoy hace un poco más de calor, así que prendo el aire y pongo una película; una adaptación moderna y medio fantasiosa de Orgullo y Prejuicio. Es que hoy es 14 de febrero. Los que me conocen saben que soy una hopeless romantic, con mis rom-com y Taylor Swift. Pero mis amigas de toda la vida tienen una idea más antigua de mí, de la persona que era en la secundaria. Entonces, cuando me pongo medio odiosa porque me saludan por San Valentín, piensan que es cinismo. "Pero es el día del amor, que puede ser por la familia, los amigos, el perro." Todo eso lo sé; simplemente soy realista. El día de los enamorados es por un cura que casaba parejas es un momento de la historia que estaba prohibido. Así que vayan, festejen con sus maridos y a mi déjenme tranquila con Jane Austen. De todos modos, no se preocupen por mí: tengo un buen plan para esta noche.

Con la improvisación y el despiole que nos caracteriza, cuatro amigas partimos hacia la vecina Lions City, a la Fiesta Nacional del Trigo. Todo comenzó el domingo pasado, volviendo de viaje, la chica que manejaba dijo: “Tengo para vender dos entradas del show Airbag”. Hace años que los quiero ver, así que le escribí a mi amiga de los conciertos: “¿Querés que vayamos?” La conversación siguió con algunas dudas —raras en ella, a quien he apodado “la reina del FOMO”— pero minutos después apareció su nombre en la pantalla: “Vamos a tener que ir. Compré las entradas sin querer", Aparentemente, cargó la tarjeta, apretó continuar para ver cuotas… y ¡pum! Transacción aceptada. Tipo jueves, otras dos amigas escriben: “Vayamos a Leones”. Y así fuimos.

En el primer stand ya empezamos a gastar plata. Compramos pulseritas brillantes del mismo color, todas ruidosas y emocionadas porque había cuatro iguales. “¡Qué pelotudas!”, exclamó J Nº 1, la vendedora se tentó de risa y nos pidió una foto para su Instagram. Como no nos conformamos con ese gasto, más adelante compramos correas de celular de strass rosado — bien de girly girls.

Después fuimos a buscar comida. Estábamos muertas de hambre. La espera se sintió eterna y finalmente nos sentamos a comer, tan solo diez minutos antes de que comenzara el show. No nos apuramos: queríamos disfrutar esas hamburguesas, que como su nombre lo indicaba, eran místicas. Nosotras somos así, y nos divierte muchísimo. Estoy muy agradecida de haber coincidido con estos seres tan especiales.

Con la panza llenita, entramos al predio, buscamos un hueco bien frente al cento del escenario y volvimos a descubrir a Airbag. Esos hermanos que hace más de veinte años formaron una banda —y que algún genio de la industria musical pensó que era buena idea promocionarlos como boy band— crecieron. No solo su música evolucionó hacia un rock más clásico (avalado por mi padre, quien fue adolescente en los 70), sino que ellos también se habían desarrollado.

J Nº 3 y yo estábamos embobadas con Pato Sardelli. Las cosas que decíamos no las voy a escribir porque sé que esto lo lee mi hermanita, pero pueden entrar a los comentarios de algunos de sus post en Instagram para darse una idea.

Lo más gracioso fue la cara de J Nº 2 cuando empezó Colombiana: "Sonó el primer tum y en un segundo todas las chicas se habían sacado la remera, como se nota que conocen la canción". Es seguro decir que nuestros inicios de Instagram van a estar minados de estos hermanos por unos días.


Domingo


Típico domingo de lluvia. Desayuno tranquilo, el mismo pollo con papas que compra mi papá desde cuando era soltero, merienda con mis hermanas, paseito con Vin, empanadas para la cena y una marquise de chocolate de postre (porque tengo dinero de adulta).


Lunes


No creo que haya persona en el mundo que sea fan de los lunes, excepto cuando toca feriado: levantarse sin alarma, poner música, preparar el desayuno… Eso es felicidad.

Mañana es el Año Nuevo Chino, y por el idioma en el que escribo este blog sospecharán que no soy de dicho país. Sin embargo, mi TikTok estuvo inundado de recomendaciones sobre qué no hacer en el Año Nuevo. No hay que limpiar, lavar los platos, sacar la basura ni lavarse el pelo, por lo que me dispuse a realizar todas estas tareas hoy. Incluso dejé cortada en la heladera la fruta que voy a consumir en el desayuno del martes. Me excedí un poco quizás, Es que los chinos creen que todas esas cosas alejan a la buena fortuna, y hoy no estoy en posición de arriesgarme.

Puse la serie Sense and Sensibility de la BBC en la tele y empecé por los cadáveres de plantas que tenía en el balcón. Saqué todas las hojas secas y dejé la tierra limpia para dársela a mi mamá. Ella es la bruja verde de la familia; a mí se me secó un cactus, Me llevo mejor con los animales.

Luego siguieron las finanzas. Durante años, como buena contadora, mantuve un registro estricto de todos mis gastos, pero el año pasado me superó ampliamente. Abandoné mi planilla de Excel en abril, cuando empezaron a hacer efecto las pastillas. Gracias al concepto “no te acostumbres a vivir mal”, tiré muchas cosas que tenía rotas, las cuales reemplacé con nuevas adquisiciones.

Compré otras cositas: una lava-vajillas, una aspiradora robótica, una mesa ratona que se eleva la tapa, cartera, botas, sandalias, zapatillas y unos Levi's que ya no me entran (todavía no te los voy a dar, Alfonsina). No nos olvidemos del iPhone 15 Pro que compré para reemplazar al SE que tenía desde 2020 —se la re bancó—, y del iPhone 16 Pro que tuve que comprar al mes porque al 15 me lo robaron en un concierto de Los Piojos.

De todos modos, registrar los gastos no evita que los realice. Pero esta compra en particular está más que justificada: un libro. La gente que ha leído Caos de Magalí Tajes afirma que los llevó a dejar a sus parejas. Por suerte ese problema no lo tengo, pero hace tiempo que me da curiosidad saber de qué se trata.

Merendé, caminé con el perro, saqué la basura, cambié las sabanas, me bañé, cené, puse el lavavajillas y terminé el día mirando una peli sobre la vida de Jane Austen, mientras que, irónicamente al mismo tiempo, escribía este texto.


Martes


Último feriado de este finde largo. Hoy seguimos con la temática de Jane Austen. Le toca el turno a Orgullo y Prejuicio de la BBC.

Seguramente muchos escuchan “Jane Austen” y se imaginan películas románticas de época en las que las mujeres solo están interesadas en buscar marido, entre picnics en el campo, bailes, caminatas por el parque, hombres con camisas mojadas, y mamás con sus pobres nervios, porque se termina la temporada y sus hijas no aseguraron una propuesta de casamiento.

Pero para Jane no eran películas de época: eran libros actuales —Orgullo y Prejuicio lo empezó a escribir en 1795—. Sus protagonistas son mujeres jóvenes, fuertes, ingeniosas e independientes, a quienes solo se les enseñaban a bordar, bailar, tocar el piano y todas esas cosas que les servirían para encontrar un marido con título y gran fortuna, ya que las hijas mujeres no heredaban casi nada en esa época, y ni hablar de tener un trabajo para generar ingresos. Por lo que las mujeres fueron forzadas por siglos a casarse con señores de plata para no terminar en la miseria.

De hecho, los científicos creen que, al no poder elegir a las parejas naturalmente según la genética, se perjudicó la evolución del ser humano como especie, y como actualmente las mujeres son económicamente independientes, puede ser que se retome este proceso. No digo que las mujeres ya no se casen por dinero, pero ahora les llamamos “sugar daddy”. Todo esto es más llamativo cuando nos enteramos que Jane Austen nunca se casó.


Se suponía que no debía escribir tanto, solo ir registrando mis emociones día a día, pero es que así funciona mi cabeza —normalmente no siento, pienso—.

Para nombrar algún sentimiento, el que predomina, si no sucede nada extraordinario, es “content”. Pero no en castellano, que tiene una connotación más alegre, sino como se usa en inglés: una felicidad más calma, de una vida agradable y sin quejas. Que es algo bueno, lo sé, pero a veces me aburro y me hace falta algo de chispa; por eso voy a conciertos, viajes, cursos, planes en general. Si no, la vida es demasiado plana.



P.D.: me inscribí a un taller de escritura, así que esperen textos mucho mejor redactados en el futuro no tan lejano.


 
 
 

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