Se busca casa con patio (2° parte)
Martes
Suena la alarma. Hoy despierto consciente de que tengo que registrar las emociones, así que ahí, tirada en la cama, panza abajo, con el ojo derecho abierto mientras el cerebro conecta los cables para abrir el izquierdo, pienso: ¿Cómo me siento? - Me quiero matar.
No literalmente. Es más bien una metáfora. Es como decir: “No es posible que esto se repita todos los días por treinta años más. ¿No se puede pausar?”
Ciertamente este momento sería menos tortuoso si me hubiera acostado unas horas antes, pero con la psicóloga estamos medio cansadas de merodear por esa conversación.
So… Moving on.
En una auto-conversación de WhatsApp escribí: “Hoy desayuno rico”, para no olvidarme. No me acuerdo qué desayuné.
Fui a la oficina sin muchas ganas de trabajar, pero por suerte la vorágine de la vida moderna te agarra como el trencito en el momento cúspide del casamiento, y te va llevando. Ese día el trencito venía hasta con gente colgando de las ventanas.
Tuve un momento de enojo con uno en la oficina con un compañero. El “siempre se hizo así” me saca de quicio. “No hay mucho que discutir”, me dice. Claro, no con vos. Lo discutiré con mi superior y después te aviso.
Al mediodía entré en pánico un poco. Después de pagar la tarjeta me di cuenta de que no me alcanzaba para el alquiler. Es 10 recién. ¿Qué hice? Entré a todos mis bancos, apps, billeteras virtuales, fondos, cosas… y llegué. Por suerte. La psiquiatra postergó el turno que tenía a la tarde para la semana siguiente, así que tengo unos pesos más. Un alivio. Aunque sea hasta, que llegué a la inmobiliaria.
La secretaria —muy simpática, por cierto— me dice que se me está por terminar el contrato y que le calcule un 70% de aumento para el próximo. ¿Cómo puede ser? Si mi alquiler aumenta según la inflación, y yo no soy contadora, pero me parece que la inflación desde el último aumento hace seis meses no fue del 70%. Wait a minute…Sí soy contadora.
¿Qué emoción me genera esto? Bueno, camino al gym le mando un audio a mis amigas diciendo que busco una casa con patio para el perro. Es como "Y bueno, qué se le va a hacer".
Mientras estoy merendando, me llega un mensaje de mi mamá. Me avisa que no quiere ir al concierto de Chayanne (le había regalado la entrada en su cumpleaños) porque está muy cansada. Cansada de hacer cosas que ella elige hacer todos los días. Esta mujer detesta ser feliz. Pero es material para todo un libro completamente diferente. ¿La emoción? Numb.
Hoy con Vincent nos tocó paseo largo. Vamos hasta una calle en la que todavía no hay tantas casas, hasta que llegamos a un terreno grande donde hay atado un caballito marrón. No sé nada de caballos. Ni el tipo. Ni la edad. Nada. Lo que sí sé es que me ama. Apenas lo veo y le digo “hola”, viene corriendo a pedirme cariño.
Me da alegría verlo venir, cómo se queda conmigo mientras le rasco atrás de la oreja. Pero a la vez me da una pena… ¿Quién le trae agua y comida? ¿Nadie le hace mimos? Me lo traería a mi casa. Pero claro, necesitaría un patio más grande.
Vuelvo a casa, me ducho, pico algo y me pongo a escribir porque me siento inspirada.
Hasta las dos de la mañana estuve inspirada. Y mañana de nuevo suena la alarma.
Miércoles
En general me despierto todos los días igual. Así que, si no aclaro nada, me siento como:“¿Quién me manda a nacer?” Se repite toda la rutina mañanera y, cuando me estoy yendo a trabajar, me veo en el espejo del ascensor y digo: “Qué bien que tengo el pelo”.
Es algo que digo mucho. Mi amiga se ríe: “Me gustaría tener tu autoestima”. Sí, a mí también me gustaría que tuvieras mi autoestima.
Puede que ustedes no crean en estas cosas (no estoy segura de creer en estas cosas), pero dicen que hay que vestirse según tu ascendente, y yo tengo el ascendente en Capricornio —que le gusta el éxito y el dinero— así que mis mejores looks son de oficina, tipo CEO.
El día sigue con la edición de mi blog y posterior publicación. Estoy feliz porque a mis dos amigas que lo leen les gustó. Estuve pensando; voy a escribir una novela sobre nosotras tres. Hay bastante material. Ya tengo ideas para el primer capítulo.
Finalmente llega la primera clase de baile del año. Eso sí que me genera felicidad. No tengo que tratar de descifrar ninguna sensación, ni dudas ni confusión. Me entusiasma mucho ir al salón, ver a mis compañeras y aprender una coreo nueva. Y bailarla, claro. No me canso, dos horas duró esta clase, y era reggaetón, por lo tanto bastante intensa.
Después de baile pasamos a saludar a caballito con Vincent y con eso concluye mi día.
En realidad no. Di vueltas como hasta las dos de la madrugada,
(pero por lo menos la cocina quedó limpia).
Jueves
¡ME QUEDÉ DORMIDA! ¡¡LPM!!
Hoy no tardé tanto en salir de la cama. En cuarenta minutos hice todo lo que normalmente hago en dos horas y media. ¿Por qué no puedo ser así siempre? Necesito la presión para moverme. Lamentablemente no pude disfrutar de mi cocina despejada.
Vincent no quiere que vaya a trabajar. Yo tampoco quiero Vin, pero alguien tiene que pagar el Old Prince de cordero y arroz premium que comés. Parece que los diez días en que estuvimos de vacaciones con mi familia lo malacostumbraron. Es que cada vez que salíamos lo llevábamos con nosotros y nunca se quedaba solito. A todo el mundo le gustan las vacaciones, no sos el único, Vincent. Estos días está haciendo un escándalo cuando voy a salir del departamento. Intenta escaparse entre mis piernas, golpea la puerta, y hasta la esquina escucho su típico aullido de beagle. Los vecinos seguramente me aman. Me da mucha lástima. Espero que se vuelva a acostumbrar pronto a la vida que llevamos. Cuando él era cachorro me imaginaba que para esta altura ya íbamos a vivir en una casa, con un marido y un par de hijos. Lamentablemente lo adoptó una swiftie solitaria. Por mi estoy bien así, amo mi vida independiente y de departamento. Pero me da pena por él, le encantan los niños, y estar todo el tiempo con gente.
Discutí con otro compañero hoy en la oficina:
"Esto es así"
“¿Dónde dice que es así?”
"Yo digo"
“¿Y vos quién sos?”
Se me escapó. La realidad es que yo tenía razón porque decía lo que literalmente estaba escrito en la ley. A los clientes los trato bien. Se los juro. Demasiado bien, algunos ni se lo merecen, pero igual hago el esfuerzo. Mi empleada: “Acordate de lo que vos me dijiste cuando arrancaste: hay que explicar todo como si fueran idiotas”. Disculpame por tener fe en la humanidad de vez en cuando. Me gustaría que vieran algunas de las conversaciones que tuve hoy para que puedan entender.
Quise hacer sushi (con salmón en lata, no se crean), pero no me salió el "roll", así que el almuerzo fue una ensalada de arroz, salmón, palta, queso crema y salsa de soja. Podría haberme sentido frustrada, pero le mandé una foto a mis amigas, me causó mucha gracia.
Hoy le tocó el turno al living. No sé si ver la casa ordenada me genera felicidad, o alegría. Satisfacción, calma, paz mental… eso sí. Cuando hay quilombo me siento abrumada. No sé por dónde arrancar. Y no arranco. Lo que mas me gusta es a la mañana, cuando me levanto y todo está acomodado, entra el solcito por el balcón, la luz rebota en las paredes y el departamento parece una nubecita.
Fui al gym, hice un poco de catarsis con el profe y después fui a la verdulería. Me gusta comprar frutas y verduras. Me siento un adulto. Lo cual es gracioso (si no preocupante) que reconozca esta sensación como un hecho aislado en el día a día de una persona que tiene 35 años, y que hace 48 hs estuvo preocupada porque no le alcanzaba para el alquiler - algo que es muy de adultos-.
En el paseo de hoy nos acompañó Rulo, un viejo amigo de Vincent que solía vivir en la calle, se refugiaba en el cajero del banco de la esquina y ahora lo adoptó una señora muy amorosa. Está con el pelo corto y suavecito, siempre tiene agua, comida, y una cucha calentita adentro de una casa. Pasaron algunos años desde la última vez que habíamos paseado juntos. ¡La alegría que tenían esos perros! Saltando, ladrando y moviendo las colas. "Yo solo quiero ser uno de ellos"
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