right where you left me (parte 2)
Updated: Aug 3
Friends break up, friends get married
Strangers get born, strangers get buried
Trends change, rumors fly through new skies
But I'm right where you left me
Primera parte: Mi Departamento
Con mi amigo compañero de la universidad, éramos los inteligentes del curso. (Seguimos siendo inteligentes, pero ahora estamos hablando del pasado). Nos éramos del estilo: "Profe, no se olvide de revisar la tarea", más bien de contestar las preguntas bajito entre nosotros para que participe el resto, pero dar las respuestas en voz alta cuando veíamos que la clase no avanzaba. Empezamos el mismo año y nos recibimos el mismo año también.
El otro día me apareció el video de un standapero que decía "Te convertís en adulto cuando te recibís de la facultad. Hay algo en decir la frase 'Estoy estudiando la carrera de...' que te mantiene en la juventud". Lo sentí cuando lo escuché. Por eso, después de terminar la Universidad, comenzaba nuestra vida de “adultos”, con trabajos nuevos y mudanzas: yo a mi departamento de chica independiente; y él al otro lado del mundo.
Cada tanto volvía de visita y nos juntábamos a tomar algo para ponernos al día. Él me contaba de los distintos trabajos que había tenido, las casas donde vivió, los amigos hechos en el camino, los países que había conocido y los planes para la vuelta al extranjero.
Pero cuando tocaba mi turno, siempre decía lo mismo:
—Acá todo igual: el trabajo, el departamento, el perro, la familia, las amigas, la soltería. Todo tranqui. Nada había cambiado.
La primera vez que vino eso estaba bien. Todo ese combo tenía uno o dos años; todavía se sentía nuevo. Pero cada vez que él regresaba, veía cómo el tiempo avanzaba, pero yo no.
Hay un tema de Taylor Swift que describe perfectamente esa situación (shocking, I know):
Además de que me encanta, ya que considero que es una de las canciones mejores escritas por Taylor, le encontré una versión retro en español. Algo que me divierte mucho. En este caso, es una canción que siempre me gustó la letra y que, escribiendo esto, acabo de descubrir que no la compuso Maná. Ustedes escuchen las dos y me dicen:
Por eso aún estoy en el lugar de siempre
En la misma ciudad y con la misma gente
Para que tú, al volver, no encuentres nada extraño
Y sea como ayer, y nunca nos dejamos.
Juan Gabriel
But if you ever think you got it wrong
I'm right where you left me.
Taylor Swift
Claramente me fui del tema porque soy dispersa, pero lo que estoy intentando decir es que ese contraste de vidas (que a se que no hay que compararse con otras personas) me hacía sentir estancada, sentada con con las piernas cruzadas, en la penumbra, juntando polvo en un rincón. Mi amigo siempre siempre me decía "Agarrá el perro y venite." No sé si nunca me animé o nunca quise. ¿Hubiera sido ir para allá? ¿O escapar de acá? En realidad, estaba cómoda en ese rinconcito y, honestamente, no me gustan las luces tan brillantes.
Los que me vienen leyendo ya saben que, en un momento dado, decidí dejar la mesa. Conocí nuevos amigos, experiencias, cambié de trabajo, la manera de vestirme, de comunicarme, de relacionarme, y ese departamento que tanto amaba ya no se sentía mi lugar.
Había logrado tenerlo como quería: cada objeto a la vista cuidadosamente curado, ubicado en su lugar teniendo en cuenta el detalle, la simetría, el color, la alineación con otros objetos, el significado, la historia, la función de cada cosa, la frecuencia de uso, la necesidad de mantenimiento y la accesibilidad de los objetos. Todo. Por eso me ponía un poquito mal —algunas veces lo podía disimular más que otras— cuando alguien me movía un milímetro la lata de galletas de café que tenía en la mesada sobre el individual.
Como me gusta hacer referencias de cultura pop, voy a citar una teoría de How I Met Your Mother: Graduation Goggles.
Se refiere al momento en el que estás terminando la secundaria y todas esas cosas que no te gustaban —como las tareas, profesoras odiosas, compañeros molestos, la mugre de las aulas o los bancos incómodos— ya no parecen tan malas, porque te das cuenta de que no vas a volver a vivir nada de eso y sentís esa cosquillita en el pecho de saber que algo se termina.
Así me pasó cuando confirmé la casa nueva y comuniqué a la inmobiliaria que no renovaba el contrato de mi departamento.
El viento helado del sur que entraba por los huecos de la habitación en invierno, o el sol que calentaba las paredes durante todo el día en verano; en otoño el balcón se llenaba de hojas y las lluvias de la primavera lo inundaban porque la pendiente la hicieron en dirección opuesta al desagüe. Ni hablar de que tenía que bajar veinte veces al día para que el perro hiciera sus necesidades, con todos los climas imaginables; y lo mismo cuando tenía visitas y el portero no andaba. O peor: cuando el ascensor no andaba. Una vez tuvimos que subir una conservadora gigante con hielo, botellas y asado, nueve pisos hasta la azotea por las escaleras. Mi abuela se quedó encerrada en ese ascensor.
Y el encargado, que como buen Eliseo, que estoy segura de que me robó la llave magnética o me cerró el gas para que lo llamara porque “no podía prender el calefactor”.
Por eso, como dicen en la serie, no se puede confiar en los Graduation Goggles. No hay que dudar de las decisiones que tomaste, especialmente cuando se complican las cosas, porque se sabe que los cambios tienen sus dificultades, pero hay que seguir.
Entonces, después de consultas, negociaciones, visitas y charlas, volví a poner la firma (y la plata, por supuesto) y, nuevamente, me dieron una llave.
Pero esta vez, de una casa.
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